Texto colectivo de taller literario: (AACJPU) La Asociación de Afiliados a la Caja de Jubilaciones y Pensiones de Profesionales Universitarios.
Gloria De Los Heros , Myriam Cardozo, Adriana Iturralde, Beatriz Rojas, Lucy Martins,
Violeta Piñeyro, Carmen Somoza, Adriana Carrica, Luisa Yabes, Ethel Zanetti
EL POLLO MUTANTE
Estoy creando un nuevo ser. En luna llena, rodeado del hierro de los vagones, le inyecto hormonas de distintas especies, previamente tratadas con agua bendita. Antes de la próxima luna, mi pollo se transformará.
A los dos días, lo encuentro pelado, con un solo ojo y tres patas. Me lo llevo de mascota a mi casa. Paseamos en la rambla y tomamos un cortado en el boliche.
Volvemos a casa luego de un largo paseo. De pronto descubro que mi pollo me habla por telepatía.
— ¡Hola! —me dice.
— ¡Hola! —pienso.
—¡No me respondes el saludo!, lo que pienso, no lo recibes.
—Hola, le digo. —Sacude su cuerpito con alegría
—¡Ahora sí!, tú me tienes que hablar. —Y agrega—: ir a merendar estuvo bien, pero mañana prefiero ir al parque de diversiones. —y continúa—. ¡Quiero ir a la montaña rusa! Y contento me dice, —una cosa más, ¿puedes llamarme por mi nombre?
—y cómo te llamas? —le pregunté.
—Ojito —me responde.
—Bien, Ojito, ahora vamos a descansar, ya es tarde —le digo.
—Gracias, mamá —me responde.
—Qué dulce —pienso— y nos dormimos.
Al día siguiente, bajo a la cocina a preparar el desayuno. Un cortado y tostadas para mí y un plato de maíz y pan mojado con leche para Ojito.
—¡Ojito, ya es hora de desayunar! —le grito.
Y cuando baja por las escaleras, ¡Ojito ha crecido! Ahora tiene una altura de un metro.
Wow, ¡qué transformación! —pienso.
Él inclina la cabeza como tratando de comprender mi expresión.
—¡Buenos días, mami! —me dice— ¿todo bien?
—¡Hoy va a ser un día maravilloso! Y agrega: —Pero tengo un poco de frío—.
Claro, pienso, sin plumas siente frío.
—No te preocupes —le digo—, luego de desayunar lo solucionamos.
A las horas estrictamente establecidas, a la hora natural repetitiva y fatal. Este pollo en cuestión es sin dudas un candidato a ser un muy buen gallo cantor ...
¡Pero con el frío que está haciendo! ¿Cómo va a poder cantar Ojito? —pienso.
Tendré que probar darle alguna nueva mezcla de hormonas, a ver si le crecen plumas. Mientras tanto, le pondré un chal de lana que tengo guardado por ahí.
—Ojito, ven que tengo una sorpresa para ti.
—Ya voy, mami —piensa contento. Yo lo oigo, pero solo en mi cabeza, por telepatía.
—¡Mira lo que tejí para ti! —le digo—. ¡Ya no sentirás frío y ahora podremos practicar, para convertirte en un futuro en el más famoso gallo cantor de todos los tiempos!
El chal le queda un poco largo, lo cual hace que se tropiece con una de las patas que está un poco más adelante. Estoy pensando en cómo ajustarlo; quizás las dos patas traseras podrían ir juntas y hacer un nudo con la delantera, cuando Ojito dice:
—Por tratarse de un triángulo isósceles, deberíamos aplicar el teorema de Pitágoras para que calcules la altura de un lado, y así el nudo te quedaría a la misma distancia, ¿qué te parece, Mami?
¿Cantor o matemático? Mis ideas corren como en una catarata: ¿arte o ciencia, filosofía o religión, bella o bestia, qué he creado?
—No creo que puedas ser catalogado como un gran y bello pollo mutante, Ojito querido. Yo te amo, pero tu cuerpo desprovisto de plumas se asemeja a un marciano y no creo encontrar una solución para abrigarte.
—¡Oh! por favor, amorosa mami. ¿Qué pasaría si me llevas al sastre Joaquín para que diseñe una gran capa dorada que me cubra totalmente?
—Veremos ... hay que pensar ...
Hoy estamos yendo hacia lo de mi viejo conocido sastre, Joaquín. Me gusta la puntualidad y a él también. Son las cuatro de la tarde y ahí estamos Ojito y yo en la puerta de su casa tocando el timbre. Nos abre y nos recibe con un amable saludo y su aspecto habitual. Es un hombre de mediana estatura y edad. Usa lentes muy pequeños, un centímetro colgado de su cuello y un pollito en uno de sus hombros y otros que salen de los bolsillos de su chaleco y de los anchos pantalones. En su sala de trabajo, en una silla baja, de estera y madera, como siempre, está su gallina preferida: "Filomena". La mamá de esos pollitos. Ella nos mira atentamente; principalmente, dirige su atención hacia "Ojito". Poco a poco, en cada prueba de vestuario, las medidas corporales van disminuyendo y Joaquín tiene que hacer los ajustes correspondientes. En la tercera o cuarta visita, su talla se detiene y deja de disminuir, volviendo a la normal. Pero en cada visita, sus charlas con Filomena son incansables y estridentes. Como no tengo más hormonas para darle y el lugar para proveerme es muy lejano, decido no dárselas más. Lo que sí se mantiene es su capacidad TELEPATICA, la cual me atosiga con visitar diariamente a Filomena y aprovechamos con Joaquín a pasar largas horas tomando el té ...
A pesar de las visitas diarias al taller, la capa dorada de abrigo para mi pollito mutante desplumado nunca se termina. Ayer creí ver hilitos dorados en el pico de la gallina Filomena. ¿Será una nueva Penélope? ¿Será que el sastre Joaquín y su plumífera compañera Filomena no desean que la capa y mis visitas se terminen?
¡Y Ojito, mi querido pollito mutante peladito y pasando frío! ¿Me estará ocultando algo ese Joaquín, de apariencia tan inocente, rodeado de sus doce o quince simpáticos polluelos?
Voy a investigar.
Al anochecer, paso por el taller sin aviso. La puerta está sin llave, como es de suponer en este pueblo en que todos nos conocemos (perdón, creemos conocernos), y ningún extraño llega desde que no pasa más el tren. Joaquín está con una hermosa mujer y doce o quince párvulos. Me sorprendo, se sorprenden;
—¿Qué haces aquí a esta hora?
La mujer se levanta, cierra la puerta y le pasa llave. El asunto no me gusta.
—¿Dónde están la gallina Filomena y sus pollitos? —pregunto.
—¡Delante de ti! —me contestan a dúo.
—¿Creíste que solo tú te entusiasmaste con las ciencias ocultas, por aquella maestra que luego echaron de la escuela, llamándola bruja? —me pregunta Joaquín, y continúa—. Sabes que siempre fui un solitario, rechazado por las mujeres; un día Filomena apareció en mi jardín picoteando mis plantas; quise matarla, pero luego recordé aquellas magias con hormonas de la maestra bruja y logré que Filomena se convirtiera por las noches en mi mujer.
—Y tú te acercaste demasiado a mí, amado Joaquín —dice Filomena mujer— por eso yo descoso cada mañana la capa dorada, para que vuelvas a diario y tomes mi tecito.
—¿Qué le pones al té? —grito alarmada— ¡Quiero salir de aquí!
—No desesperes, es de efecto muy lento.
Siento latir mi corazón muy rápido, tan rápido que hasta duele.
—¿Y qué será de mi pequeño Ojito? —pregunto ya casi sin aliento.
Un buen mozo se asoma desde la habitación contigua.
—Hola, mamita.
—¿¡Ojito!?—exclamo—— Pe…pero, ¿cómo, cómo ocurrió?
—Tranquila, mamita —responde Ojito, no tienes de qué preocuparte.
Joaquín observa incrédulo la escena y exclama: ¡Filomena!, ¡qué han hecho!
Filomena y Ojito se miran y, con sonoras carcajadas, expresan: “Lo mismo que nos hicieron a nosotros”. Ustedes nos crearon, pues nosotros también ideamos una fórmula para transformarlos; lo único es que nosotros nos mantendremos humanos, y ustedes, bueno, ustedes…..
Joaquín y la creadora de Ojito se van transformando en pollo y gallina, respectivamente.
—Ay querido, ¿qué te gustaría cenar hoy? —pregunta Filomena a Ojito.
—Bueno, supongo que habrás pensado lo mismo que yo…, un exquisito pollo al horno
—Seguro, y para mañana, un sabrosísimo caldo de gallina.
Filomena y Ojito se abrazan, rodeados de los niños que corretean al pollo y la gallina, destinados para la celebración del banquete final.

